Si no sabes, no te metas. Y menos aún lo vendas

El intrusismo, el oportunismo, el dinero fácil, la incompetencia para cualquier otro trabajo o profesión… Son algunos de los argumentos que se me vienen a la cabeza cuando pienso en la cantidad de mediocres que dicen saber de algo sin ser cierto, y que ejercen esta pantalla como forma de vida profesional.

Esto lo hemos vivido en muchas ocasiones y en varios gremios. Sabéis que practico artes marciales desde muy pequeño y he tenido ocasión de entrenar con numerosos casos de charlatanes y vende humos que decían saber de artes de combate. Son pocos los que realmente se ponen los guantes y son capaces de demostrar que lo que dicen saber es cierto. En el mundo del social media y la comunicación digital esto es tan vigente hoy en Ecuador como lo es en cualquier parte del mundo.

En los últimos días nos hemos equivocado. En un exceso de empatía y compañerismo profesional, aceptamos hace dos semanas un encargo de una “agencia digital” que había ofrecido un imposible a su cliente. Una aplicación basada en un minisitio web que grabara video, lo almacenara en sus servidores, lo compartiera, y generara base de datos de usuario.

En principio es un proyecto interesante si se maneja con un buen enfoque y técnicamente no debía de suponer muchas complicaciones, eso sí, destinando recursos imprevistos en tiempo y personal a dicha tarea. Mi equipo es de lo mejor, seleccionado en un proceso de años de trabajar en este mundo y sabía que darían lo mejor de si mismos. Normalmente, para un proyecto así, solemos promediar no menos de 45 días para hacer un trabajo decente, pero en este caso, la desesperación del cliente era, por los tiempos y compromisos adquiridos, catalogable como “necesitada de un milagro”. Y como todos sabéis, los milagros son nuestra especialidad 😉

Así que empezamos con un compromiso adquirido de 9 días para el desarrollo de todo el sistema. Como condiciones estaba que trabajáramos con marca blanca y así lo hicimos, y que ellos proporcionaban sus servidores para la aplicación y el almacenamiento.

Desde el momento en el que me preguntaron “¿Y esto cómo lo enlazamos con YouTube?” sabía que esto iba a ser difícil. El reencontrarme con una persona que demostró sus carencias profesionales en el pasado también tendría que haberme servido de alerta. Pero lo que no me esperaba es la sucesión de contratiempos que hemos vivido. Que sus servidores no tuvieran las capacidades técnicas requeridas y que tuviéramos que contratar otro; que no supieran que los certificados SSL sólo sirven cuando están enlazados a un servidor concreto y no para un dominio redirigido; que, por tanto, los navegadores no van a dejar ejecutar la aplicación si detectan esa incoherencia; que estuviéramos aún recibiendo cambios de diseño el día 13 después de iniciado el desarrollo… Todo ello después de haber tenido más de 3 meses de supuesta planificación antes de verse desesperados por contratarnos. Aún así, gestionamos las incidencias, asesoramos en los problemas técnicos, nos comunicamos directamente con el hosting, y cumplimos con creces las expectativas del desarrollo y su puesta en funcionamiento.

Lo cómico y lo que me hace escribir esto, es que la ignorancia es atrevida. Aún con todo esto tan claro, con la aplicación terminada y hospedada, pero con los contratiempos descritos y con la intermitencia en el servicio como principal efecto, los comunicados recibidos por parte de mis “colegas” siempre fueron desentonados y con una línea peligrosa rozando la histeria (comprendiendo sus temores cara a los compromisos que adquirieron con el cliente), y tratando de responsabilizar al desarrollo de cualquier inconveniente, ineptitud, falta de planificación, ignorancia absoluta de los sistemas y tecnologías que se venden al cliente y demás percances. Señores, los códigos de una aplicación no cambian a veces sí y a veces no; no son una cosa intermitente que aparece y desaparece. Lo escrito, escrito está.

Al final las lecciones en formato de moraleja que extraigo en esta ocasión son las siguientes:

– Si no sabes de algo, no te metas. Y menos aún lo vendas.

– Asegúrate de que conoces a con quien vas a trabajar.

– No, no me digas “hacemos lo mismo que tú”. Para hacer lo mismo que nosotros tienes que llevar 18 años de experiencia a las espaldas.

– Si no sabes qué implica lo que contratas, asesórate primero.

– No fastidies a los profesionales que te están sacando de un apuro. Puede que no sea la última vez que los necesites.

– Tener el teléfono de alguien sólo significa tener el teléfono de alguien. No te otorga el derecho inmediato de poder llamar a deshoras y de manera inoportuna e impertinente.

Escrito como sano desahogo, sin acritud y sin dar nombres. No me tentéis pidiéndomelos que yo sí respeto mis compromisos en los contratos, incluyendo las cláusulas de confidencialidad. 😉

Foto: VIstas del Cayambe desde el despacho SOASTEC

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