Estrategias Online que no lo son

 

Hace mucho que quería escribir acerca de un par de prácticas con las que he chocado en el entorno que rodea a algunos clientes, y que se han dejado asesorar por otros pseudoprofesionales y han vendido gato por liebre.

Ante todo siempre eximo al cliente de la responsabilidad de las malas decisiones, cuando ha sido mal aconsejado, en ocasiones repetidas veces, hasta dar por bueno los desaciertos del que se supone que entiende de la materia y asesora ahí donde él no puede llegar.

Recientemente he tenido que lidiar con una pareja de aficionados (no puedo usar el término profesionales si me refiero a este tipo de intrusos) que habían realizado la compra literalmente de decenas de miles de perfiles falsos en twitter para que siguieran la cuenta del cliente. Doy por hecho que a este se le vendió la idea de “publicidad en redes sociales” y que, para “optimizar el presupuesto”, aquellos decidieron invertir en lo fácil, en el número grueso y vacío que supone la compra de perfiles fantasmas como seguidores en Twitter. Lo terrible no es sólo la práctica y la estafa que supone un hecho como este, sino aún más, tirar por tierra la credibilidad del cliente, pues con cualquier herramienta gratuita, se puede comprobar la calidad de los followers y dañar de manera grave y costosamente reparable su identidad y reputación digital. Incontables aristas y adjetivos que son difícilmente reconducibles a buen puerto una vez destapado el escándalo.

En otros casos se me ha sugerido usar cuentas falsas para apoyar determinadas causas o momentos delicados a través de la “difusión” de mensajes más acordes con los intereses del cliente. El uso de cuentas troll es una práctica absurda y detestable. Las redes sociales no funcionan en base, de nuevo, al número grueso, en este caso de mensajes en determinada situación, y demuestran el poco conocimiento del ecosistema digital y del funcionamiento del mismo de los practicantes de estas técnicas. A muchos se les olvida que tras cada cuenta de twitter, cada usuario de facebook o cada foto publicada en instagram, hay personas. Personas con capacidad y espíritu crítico, que además se están volviendo tremendamente hábiles en discernir qué y qué no son cuentas troll. El estado de opinión hay que ganárselo, no imponerlo a través de cuentas ficticias tratando de manipular con engaños el diálogo y las conversaciones en comunidad.

Engañar a un cliente vendiendo estrategias de comunicación que no lo son es un acto despreciable, que nos deja mal a todos, que quema el mercado de la comunicación online, no aporta más que callejones sin salida y acaba con las posibilidades tan asombrosas que nos brindan las redes sociales y el social media para nuestros contratantes.

En cualquier caso, siempre es un triunfo cuando, haciendo las cosas de la forma correcta, trabajando la estrategia online de forma responsable y coherente, apostando por el buen contenido, aportando valor, realizando coberturas en tiempo real, las propuestas reales, el mostrar el lado humano y una preocupación real por todos los que forman nuestra comunidad y, en definitiva, trabajando duro, los resultados son espectaculares y vienen solos.

Como decía mi abuelo Gastón Mazure, “Hay que hacer lo mismo que los demás y un poquito más”.

P.S.: Advertencia: Todo parecido con la realidad es por que así es y así sucede. Si te sientes aludido, tienes un gran problema y deberías empezar a dedicarte a otra cosa. Tal vez seas bueno impartiendo clases de “Cómo parar balas con el cerebro cuando te apuntan con una pistola” o vendiendo crecepelo en alguna organización piramidal. 😉

Foto: Vista de Mindo desde los terrenos de Yellow House

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