El pastel del Social Media

Después de varias semanas intensas tengo hoy de nuevo el placer de poder escribir por aquí. Han sido días de presentaciones de planes estratégicos en digital, formaciones, viajes, y adaptación a la nueva sede de SOASTEC.

Y es en esta vorágine que me encuentro una vez más, como cada año, en la situación intermedia entre los intereses y conflictos de las empresas y el mundo digital. Cada empresa es un mundo y en él tienen cabida muchas realidades que pujan por cobrar su importancia y que suelen estar contemplando desde una perspectiva parcial el horizonte digita l.

Es muy difícil hacer entender a ciertos estamentos que han estado acostumbrados a un manejo de marcas y productos tradicional, que incursionar en Social Media es algo diferente; que hay que saber manejar contextos, mensajes, opiniones, posicionamientos dinámicos, redes de contactos horizontales y verticales, alcances a terceros y comunicación bidireccional, de un modo muy diferente a lo que han venido haciendo años anteriores.

Tengo la suerte de contar cada año con clientes que se van convirtiendo en amigos y que aprecian los resultados que vamos generando, así como nuevos clientes que, como la mayoría, entran temerosos en el mundo digital, pero con la emoción de las grandes expectativas. Muchas veces los encuentro buscando una tabla salvavidas, la poción mágica, para que sus productos sean éxitos. Siempre mi respuesta es la misma: Esto es una nueva ventana, por la que nos van a ver y por la que se van a hacer ver. No es la única posible, pero sí que es la que más exige tener la casa bien ordenada, pues todo el mundo se va a asomar.

El pastel del Social Media es muy atractivo por motivos obvios: Sus cifras no paran de crecer, los puntos de contacto con clientes son de altísimo impacto, las capacidades que nos otorgan se vuelven mecanismos a capitalizar en sus múltiples facetas… Pero hacer las cosas mal es tremendamente sencillo.

Pocos son los afortunados que entienden que para dar los primeros pasos y hacerlo sin errores, sin miedos y minimizando los riesgos de caer, hay que sujetarse a manos firmes que lleven caminando muchos años y que puedan apuntalar cada paso como un avance firme para conjugar las realidades del complejo mundo de las relaciones entre empresa y usuario.

Foto: Camino a Salinas desde Guayaquil

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